La Cuestión Hipocrática en la Historia de la Naturopatía. El estado de la cuestión (IV)- Incorporación del Corpus Hipocraticum a Occidente.

Lo más importante de la higiologia griega se trasmite al mundo occidental a través del islamismo. En el siglo VI es clausurada la Escuela de Atenas por Constantino, los exiliados pasaron a refugiarse a tierras donde se estaban instalados los nestorianos (1), sobre todo en la Persia de Cosroes, desarrollando allí una importante labor (2). Cuando el Islam conquistó estas tierras, incorporándolas a su imperio, dio comienzo el contacto de los sabios islámicos con el pensamiento especulativo y la praxis sanadora que allí florecía. Iniciándose las primeras traducciones.

En el s. IX, el califa Al-Mamum funda en Bagdad una escuela de traductores (la llamada casa de la Ciencia). Una de las figuras más destacadas de esta escuela fue Hunaym Ibn Ishaq que tradujo, entre otras obras clásicas, los Aforismos de Hipócrates.

En el s. X, el rey Alfonso X el Sabio creo la Escuela de Traductores de Toledo, donde se tradujeron al latín la mayoría de las obras árabes. Un erudito de esta escuela, Gerardo de Cremona, fue uno de los primeros en traducir obras de Hipócrates.

En el s. XI, Constantino el Africano, miembro destacado de la Escuela de Salerno, tradujo, entre otras obras, los Aforismos de Hipócrates al latín.

Con el humanismo renacentista se inicia en Italia el conocimiento del griego, y por tanto el contacto con las doctrinas de los grandes ietrou griegos. Esta tarea se inicia con la edición de la denominada Articellia (3) – versión latina de unos extractos higiológicos de “Hipócrates” y de Galeno -, pero pronto va a ver la luz la edición de las obras completas de estos autores; en 1525 aparece en Venecia la Editio Princeps (4) de Hipócrates, en esta actividad traductora destacan Aldo Manuzio (5) y Fabio Caluso, así como Francisco Vallés (6), llamado el Hipócrates complutense. De las varias obras renacentistas de las Hipocratis Opera, los diversos autores están de acuerdo en designar que las mejores son las de Cornarus (Basilea, 1538) y la de Föes (Francfort, 1590). En 1583 aparece la obra de Girolamo Mercuriale (1530 – 1606) “Censura de Hippocratis operibus“. En 1584 se publica en Salamanca el estudio crítico de Luis de Lemos “Judicium operum magni Hippocratis“.

La gran aportación realizada por los eruditos del renacimiento (7) fue la clara distinción entre las doctrinas hipocráticas y la galénica, que hasta ahora se habían identificados claramente.

El proceso de separación entre las dos doctrinas culmina con Teofastro Bombast von Hohenheim (1493 – 1541), conocido como Paracelso (8). No es que Paracelso iniciara la tendencia a distinguir claramente entre Hipócrates y los “otros” que habían pervertido sus ideas; pero dada su influencia, con él se impone decididamente la distinción entre Hipócrates y Galeno.

J.B. van Helmont (9) (1574 – 1644) fue un continuador de la obra de Paracelso, ensalzando la obra de Hipócrates dedicándole grandes elogios, en particular al tratado Sobre la medicina antigua. En un pasaje de su obra escribe “Hipócrates tenia menos charlatanería, más candor, más luz, y mayor ciencia celestial”.

Francis Bacon (10) (1561 – 1626) elogia en buena parte de su obra la metodología de Hipocrátes, que considera adaptada a la nueva concepción de la ciencia que expuso el filósofo inglés en su obra Novum Organum.

Thomas Sydenham (11) (1624 – 1689), llamado el Hipócrates inglés, su figura es decisiva para que, en medicina, se superara definitivamente el galenismo y se aceptara, como método, el de Hipócrates.

Entre los siglos XVII y XVIII se realizan sucesivas ediciones de las obras del Corpus Hipocraticum como la grecolatina de Cartier (1639 – 1679), la de Van der Linden (1665), de Mack (1743 – 1749), de Haller (1769 – 1771), la española de Piquer (1757 – 1770). La tudesca de Carlos Grim (1781 – 1792).

A partir del s. XIX encontramos, la inglesa de Fr. Adams (1849), la francesa de Gardeil (1801), la edición italiana de F. Pierer (1806), la grecolatina de Khün (1825), otra francesa de Monier (1827) y la edición critica, con traducción francesa, de Emile Littré (Ouvres completes d”Hipocrate, Paris 1839 – 1861), la cual constituye un hito en la historia del Corpus Hipocraticum. Otras traducciones como la Zach. Fr. Ermerich (Hippocratis et aliorum medicorum veterem reliquiae, Traic. Ad Rhenum, 1859 – 1864) son cuestionadas por ser demasiado criticas. Las ulteriores, filolólogicamente más cuidadas – las que inciaron H. Kühlewein (1894 – 1902), Teubner y el Corpus Medicorum Graecorum y luego han proseguido Villaret, Janes, Joly Alexanderson, Grfensemann y otros – son aún incompletas. Otros estudiosos del tema a citar son: Th. Reinhold (1864), H. Poschenrieder (1887), M. Wellmann (1896), F. Spaet (1897), C. Friederich (1899), U. Wilamowitz – Moellendorf (1902), M. Neurburger (1906), A. Nelson (1909), W.H. Heidel (1914), H. Diels (1915), K. Sudhoff (1921), C. Singer (1922), R. O. Monn (1923), E. Wenkeback (1925), H. Much (1926), J. L. Heiberg (1927), F, Ptaff (1931), Diller (1934), G. Sarton ( 1952), C. Lichtenthaeler (1957).

Desde el comienzo del siglo XX se observa un renacimiento del interés por la metodología hipocrática. Este movimiento se ha denominado neohipocratismo, término que aparece, por primera vez, en 1919, en una obra de F. Kraus, donde se hace una defensa de un principio higiológico que en Hipócrates era básico: el psicomático.

Notas

(1).- Nestorio. Teólogo cristiano oriental, creador de la corriente herética conocida como nestorianismo (Germanicia, Cilicia, h. 380 – Al-Jarya, Tebaida, Egipto, 451). Este monje de Antioquía fue nombrado patriarca de Constantinopla en el año 428. Su reacción contra la doctrina herética arriana (de Arrio) le llevó a caer en una concepción extrema de sentido contrario: defendió la existencia en Jesucristo de dos personas distintas, una divina y otra humana. Al hacerlo llevaba hasta sus últimas consecuencias la doctrina de la «escuela de Antioquía», contrarias a las de la «escuela de Alejandría». De esta última surgió su principal crítico, Cirilo de Alejandría, que llegó a conseguir la condena de la doctrina nestoriana y la deposición de Nestorio de su sede por el tercer Concilio de Éfeso (431). En el fondo de esta polémica latían identidades e intereses regionales contrapuestos en el Imperio de Oriente, y sobre todo una lucha por el poder entre el Patriarcado de Constantinopla y el de Alejandría, que aspiraba a recuperar su antigua primacía. Nestorio fue confinado en Antioquía y más tarde en el Gran Oasis del desierto de Libia; pero el nestorianismo siguió extendiéndose incluso después de su muerte, con especial arraigo en Siria. Las persecuciones fueron expulsando de allí a los nestorianos, muchos de los cuales hallaron refugio en Persia bajo la protección de los Sasánidas.
(2).- Cronología del paso del Corpus Hipocraticum del mundo griego al Isla

  • A partir del s. II Nisibis y Edessa se convierten en centros de la civilización siria
  • Sapor I funda Gondishapur (241 – 271).
  • Comienzo del maniqueismo (Manes 214 – 277).
  • Herejia de Nestorio y expulsión y destierro tras el Concilio de Efeso – 431 – por Teodosio II a Edessa (Siria), helenizada desde la penetración de Alejandro magno y los Seleucidas, y cristianizada bajo la influencia de S. Efrén.
  • Expulsión de los Nestorianos de Edessa más al oriente (Persia) por Zenón el Isaurio (489)
  • Cierre de la Escuela de Edessa ( 489). Sapor II les ofrece asilo.
  • Cierre de la Escuela de Atenas (529). Sapor II le ofrece asilo.
  • Hasta finales del s. V Siria y Antioquia, bajo la influencia helenística, son los dos grandes focos mediadores entre la cultura griega y oriental.
  • En Nisibis, Edessa, Gondishapur se realizan las primeras traducciones del Corpus Hipocraticum al siriaco. Sergio de R”as al Ayn (muerto en el 536), traduce del griego al sirio a Hipócrates ya a Galeno.
  • En el s. VI Anusarwar el Justo envía a Burzuya a la India (“La sabiduría de los Indios de Burzuya” fue traducida del árabe al griego en el año 1070 `por Simeón de Antioquia. Este dato es importante tenerlo en cuenta , entre otras cosas, porque en la tradición ayurvédica de la India la teoría humoral es prácticamente igual que la contenido en el Corpus Hipocraticum; la pregunta es ¿Cuál influye en la otra?, si bien es posible que con la llegada de Alejandro Magno a la India – s. III a. C. – se introdujera dichas teorías, o bien las dos fueron realizadas mediante la divergencia cultural aunque con el propio intercambio se mezclaran ambas teorías).
  • En el s. VII se formó en Gonsdishapur un centro superior de enseñanza que llevaba el honroso titulo de Academia Hipocrática (centro integrador de las culturas alejandrinas y del lejano oriente).
  • En el s. VII se produce la conquista de Persia por los árabes, por lo que el saber griego pasa a los árabes.
  • En el s. VII – IX en centro receptor se traslada a Bagdad (765).
  • En el s. VIII, con motivo de la conquista de Samarkanda, los árabes entran en contacto con la cultura china.
  • En el s. IX, Al –Mamum funda la casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikam) en Bagdad, siendo Hunaym Ibn Ishaq el organizador d el escuela de traductores.

(3).- El Articella es una colección de tratados higiológicos contenidos en un solo volumen que se utilizó principalmente como libro de texto y manual de referencia entre los siglos XIII y XVI. En la época medieval, varias versiones de esta antología se distribuía en forma manuscrita entre los estudiantes de medicina. Entre 1476 y 1534, ediciones impresas de la Articella también se publicaron en varios ciudades europeas.(4).- Edición príncipe (en latín editio princeps ) se llama a la primera edición impresa de una obra, inmediatamente posterior a los manuscritos del autor y a la copia para los impresores. Los editores no la cuentan, ya que en todos los libros las ediciones se empieza a contar por la segunda edición. Normalmente se habla de edición príncipe con relación a obras de prestigio que además hayan sido reeditadas varias veces.(5).- Humanista e impresor italiano, fundador de la Imprenta Aldina. El objetivo de Aldo Manucio era expandir la cultura a un espectro social amplio y que aquellas personas que tuvieran inquietudes culturales aunque pocos recursos económicos, pudieran acceder a comprar importantes obras antiguas bien editadas.(6).- Entre sus obras cabe destacar Controversiarium medicarum et philosophicarum, exposición de cuestiones filosóficas que componen el saber médico (1556). Comentarios a Hipócrates (1580). De sacra philosophia, completo estudio de cuanto recoge la Sagrada Escritura sobre el arte de curar. Tratado sobre la destilación, sobre la destilación de plantas naturales, y regulación de pesas y medidas de los boticarios (1592).(7).- Las versiones impresas más antiguas, según Sánchez Granjel, (Lain Entralgo, 1972, tomo 4, p.32-37), son las Articella salertianas o escritos en latín en los que se recopilan diversos autores clásicos, que incluyen el Corpus Hippocraticum, los Aforismos con comentarios de Galeno, algunos libros de las Epidemias, los Pronósticos y algunos textos galénicos y de Johannitius. La Articella fue publicada por primera vez en Padua en 1476 y posteriormente entre 1483 y 1500 aparecieron cinco ediciones más en Venecia.
El Corpus Hippocraticum fue estudiado y comentado en Italia por Lorenzo Laurenziani y Nicolö Leoniceno, y traducido al latín por Fabius Calvus. De él se hizo una primera impresión en Roma en el año 1525 y un año más tarde apareció en Venecia el texto en griego.
Durante el siglo XVI los médicos italianos realizaron versiones críticas comentadas entre las que cabe destacar las de Giambattista da Monte o Montanus, Expectatissimae in Aphorismos Hippocratis lecciones (1553-1554) y la de Marsilio Cagnati, In Hippocratis aphorismorum secundae sectiones XXIVcommentarius( 1591).
Especial mención merece Jerónimo Mercuriale (1530-1606) que fue profesor sucesivamente en ciudades como Padua, Bolonia, Pisa, Viena, donde coincidió con Maximiliano II, y Roma en tiempos de Gregorio XIII, y que llevó a cabo una auténtica crítica filológica con el fin de determinar la autenticidad de los textos del Corpus Hippocraticum. A él le debemos una edición de Hipócrates aparecida en Venecia en el año 1588, con marcado carácter crítico: Opera quae extant graece et latine. Veterum codicum collationes restituía novo ordine in quattuor classes digesta, interpretationis latinae emendatione & scrwolis illustrata. Ya con anterioridad, en 1584 había aparecido otra obra del traductor comentarista con el sugestivo título de Censura operum Hippocratis. No debemos olvidar la labor clínica de este autor que se manifiesta en sus tratados: De morbis puerorum (1584); De pestilentia (1577) y De arte gymnastica .
También Girolano Cordano siguió la línea de Mercuriale con comentarios críticos a varios textos de Hipócrates.
Entre los médicos humanistas franceses encontramos a Jacques Houllier (Hollerius) a quien debemos las obras Magni Hippocratis coaca praesagia (Lyon, 1576J y In aphorismos Hippocratis commentarii septem (Paris, 1579); a Louis Duret, autor de Commentair sur le six premières sections des aphorismes d’Hippocrate; Interpretationes et enarrationes in magni Hippocratis coacas praenotiones, opus admirabile in tres libros tributum y In magni Hippocratis librum de humoribus purgandis… commentarii.
Anuncio Foes o Foësius, discípulo de Houllier nos presenta en 1595 la edición crítica Opera omnia quae extant. In VIII sectiones ex Erotiani mente distributa. Nunc recens latina interpretatione & ennotationibus illustrata, considerada como la más valiosa hasta que apareciera la greco-francesa de Littré en el siglo XIX. En 1588 aparece la Oeconomia Hippocratis alphabeti serie distincta.
Johannes Hagenbutt o Cornarus realiza en 1546 una traducción de Hipócrates comparando diversos manuscritos.
Leonhard Fuchs traduce las Epidemias y los Aforismos que aparecen en Basilea en 1537 y 1544 respectivamente.
A Theodor Zwinger le debemos la edición de Tabulae in XXII commentaries Hippocratis nee non sententiae insignes Hippocratae per locos communes digestae” aparecida en Basilea en 1579.
En el ámbito hispano-portugués cabe destacar a Francisco Valles que presenta sus versiones y comentarios en español o latín. Entre ellos se cuentan: Comentarios a los Aforismos (Alcalá 1561); Commentaría in morbis Prognosticum Hippocratis (1567),Commentaria in libros Hippocratis de ratione victus in morbis acutis (1569), In libros Hippocratis de morbis popularibus, sobre las epidemias (Madrid, 1577); Cristóbal de Vega que realiza una traducción comentada de los Aforismos (1562) así como el Liber Prognosticarum Hippocratis (1551) y Luis de Lemos, autor destacado por haber realizado varias versiones galénicas y de Aristóteles y por el estudio crítico para determinar la autoría de los escritos reunidos en el Corpus Hippocraticum, basándose en el análisis de los textos objeto de estudio y en la tradición de los primeros comentaristas. Fruto de esta labor es su obra Iudicium operum Magni Hippocratis, aparecido en Salamanca en 1588 y en Venecia, en 1592.
Gabriel de Tórrega (1522), Benedicto Bustamante Paz (1550) y Ambrosio Núñez (1603) se ocuparon de los Aforismos mientras que Enrique Cuellar (1543), Juan Bravo (1578), Alonso López Pinciano (1595 y Rodrigo de Fonseca (1597) estudiaron el Pronóstico.
(8) Lo que le importaba a él en primer lugar era el orden cósmico, que encontró en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus. Fue para él un cielo endosomatico cuyo curso estelar no coincide con el cielo astronómico sino con la constelación individual que comienza con el «Ascendente» u horóscopo. Se le atribuye la paternidad del término Espagiria. Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico»; para él el arte de curar tenia cuatro pilares

  1. Astronomía
  2. Ciencias naturales
  3. Química.
  4. El amor.

(9).- Fue pionero en la experimentación y en una forma primitiva de bioquímica, llamada iatroquímica. Fue también el primero en aplicar principios químicos en sus investigaciones sobre la digestión y la nutrición para el estudio de problemas fisiológicos. Por esto se le conoce como el “padre de la bioquímica”.(10) La filosofía de Bacon influyó en la creencia de que la gente es a la vez sierva e intérprete de la naturaleza, de que la verdad no se deriva de la autoridad y que el conocimiento es fruto ante todo de la experiencia. Se le reconoce haber aportado a la Lógica el método experimental inductivo, ya que anteriormente se practicaba la inducción mediante la simple enumeración, es decir, extrayendo conclusiones generales de datos particulares. El método de Bacon consistió en inferir a partir del uso de la analogía, desde las características o propiedades del mayor grupo al que pertenece el dato en concreto, dejando para una posterior experiencia la corrección de los errores evidentes. Este método representó un avance fundamental en el método científico al ser muy significativo en la mejora de las hipótesis científicas.
Su Novum Organum o Indicaciones relativas a la interpretación de la naturaleza influyó mucho en la aceptación en la ciencia de una observación y experimentación precisas. En esta obra mantenía que había que abandonar todos los prejuicios y actitudes preconcebidas, que llamó en griego eidola o ídolos, ya fueran la propiedad común de la especie debido a modos comunes de pensamiento (“Idola tribus”) o propios del individuo (“Idola especus”); ya se debieran a una dependencia excesiva del lenguaje (“Idola fori”) o de la tradición (“Idola teatri”). Los principios que se plantean en Novum Organum tuvieron gran importancia en el subsiguiente desarrollo del empirismo.(11).- En la concepción de Sydenham, las enfermedades eran producidas por el aire, la alimentación, la retención de humores, el ejercicio y las emociones, siendo combatidas en primer lugar por el poder curativo de la naturaleza. Su terapéutica se basó en el régimen higiénico-dietético, si bien introdujo el hierro como medicamento para la anemia; prestó gran consideración a la corteza de Cinchona o de quina en el tratamiento del paludismo e ideó derivados
opiáceos como el “láudano de Sydenham”.Ver mas en CUADERNOS DE HISTORIA DE LA NATUROPATIA